Los intereses de las empresas
constructoras y eléctricas, la falta de rigor de los estudios geológicos y
geotécnicos previos a la aprobación técnica de los proyectos de construcción de
nuevas presas y embalses (Itoiz, Santaliestra, recreciemento de Yesa...) así
como la obsolescencia y falta de mantenimiento de las infraestructuras ya
existentes ponen en cuestión la seguridad y el rigor de la aprobación y
construcción de estas infraestructuras. Tous, Aznalcóllar, Leguaseca, Orjales,
Almendricos, etc... son ejemplos que ponen en entredicho la seguridad y el
mantenimiento de estas grandes obras.
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En función del tamaño:
Grandes presas o pequeñas presas. Se consideran grandes presas las que tengan
altura superior a 15 metros, capacidad de embalse de 1 millón de m3 etc...
En función del riesgo potencial que pueda derivarse de su posible rotura:
Categoría A -de máximo riesgo- corresponde a las presas cuya rotura o
funcionamiento incorrecto puede afectar gravemente a núcleos urbanos o
servicios esenciales, o producir daños materiales o medioambientales muy
importantes.
Categoría B pueden ocasionar daños materiales o medioambientales importantes o
afectar a un reducido número de viviendas.
Categoría C pueden producir daños materiales de moderada importancia y sólo
incidentalmente pérdida de vidas humanas.
En 1999 sólo el 40% de las presas del Estado y el
20% de las presas privadas tenían redactadas las normas de explotación pero
ninguna estaba aprobada.
En marzo de 2001 solamente se habían clasificado 313 grandes presas –268
en la Categoría A- de las más de mil existentes
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